La tradición de los Spätzle surgió en el sur de Alemania, en la región de Schwaben, durante el siglo XVIII. En el año 1725 resumió el consejo de medicina Spazen como "todo aquello que se prepara con harina". En aquella época la espelta era común en la región de Schwaben, cereal que crece en suelos pobres y fue esa harina la original utilizada por los alemanes para la elaboración de esta pasta.
Existen varios mecanismos para dar forma a esta pasta, entre los que destacan el Spätzlepresse, el Spätzlehobel y el Spätzlesieb, que es el que utilizo yo. Para los más atrevidos, la manera original de prepararlos era cortando pequeños pedacitos de pasta sobre una tabla de madera e introducirlos directamente sobre la olla.
Los Spätzle me gustan de siempre, pero desde que tengo el Spätzlesieb he descubierto lo que es hacerlos en casa. Se tarda tan poco en hacerlos (en 15 minutos, de cero a estar sentados en la mesa) y da tanto lugar a la imaginación esta masa, que enganchan!!
Ingredientes (para 2 personas)
1 huevo batido
175 g de harina
125 g de agua
30 g de remolacha hervida
sal
Primero se tritura, o corta en dadines chiquitines, la remolacha.
En un recipiente, se bate un huevo mediano, se añade la harina, el agua, la remolacha y una pizca de sal y se remueve hasta que la masa quede homogénea.
Se pone la masa sobre un Spätzlesieb y se cuela la masa a través de los agujeros con ayuda de una espátula. Con una espumadera se irán retirando las piezas que ya estén cocinadas. Sabremos cuándo estarán listos los Spätzle para sacar de la cacerola, cuando éstos hayan salido a la superficie. Los iremos depositando sobre un colador.
Una vez tengamos todos los Spätzle fuera, los rehogamos con 50 g de queso gorgonzola y pimienta al gusto.
Hacer Spätzle es la manera más rápida de tomar pasta casera. Si os animáis, aquí tenéis un paso a paso.
¡Feliz semana!



